7 de diciembre de 2008

Si es eléctrico no

Hace unos cuantos días recordé algo muy cómico. Y es que hace unos años mi abuelo vivía conmigo y aunque no era una persona totalmente agradable era más agradable en mis recuerdos, ésos en los que yo era niño y el un poco más joven; esos en el que me llevaba al parque de las leyendas y me cargaba para subirme al techo de su muy antiguo pero legendario auto. Ese carro que siempre tenía en la guantera esos chicles de barra que tanto me gustaban a mí y a mi hermano. Y es que mi abuelo, antes de volverse un abuelo renegón sabía como hacerme feliz. Sabía convencerme de quitarle las rueditas a mi bicicleta, sabía convencerme para salir a jugar fútbol y sabía convencerme de no ver tanta televisión.

Incluso alguna vez me contó que su abuelo fue partícipe de la guerra del pacífico aunque nunca pude comprobarlo. Mi abuelo era un gran abuelo, como esos que hay pocos pero que después por alguna razón de la maldita naturaleza se vuelven renegones. Y es que tener ochenta años no debe ser muy agradable para nadie a pesar de haber vivido casi todo.

Pero hay algo que nunca voy a olvidar y que aún hasta ahora me causa un poco de gracia. Mi abuelo siempre desayunaba con nosotros. Y la costumbre era que siempre yo vaya al mercado y comprara los panes que a todo el mundo le gustaba menos a mí. El famoso pan de piso, y no sé bien cómo describirlo pero sólo se una cosa; no es ese pan que que se hace en la acostumbrada máquina que hay en casi todas las panaderías, era un pan artesanalmente hecho. Y aunque parezca tonto cada vez que veía esa bendita máquina sentía un nosequé producto de que nunca me dejaron comprar ese curioso pan.

Pero un día desperté totalmente resaqueado y como ya era costumbre me levantaron de la cama lo más temprano que pudieron con la típica frase: "Ya, anda a comprar el pan". Y es que nadie entendía que estaba resaqueado es decir, totalmente cansado. Así que como el mercado se me hacía demasiado lejos, sólo atiné a comprar pan en la tienda de la esquina, esa que tenía la famosa máquina y cumplir mi tan ansiado sueño. Era mi primera vez con mi no-pan artesanal así que me sentí un tanto raro. Y con mi gran sonrisa en la cara me senté en la mesa en la que ya todos me esperaban y cuando vacié el contendio de la bolsa en la panera mi abuelo, mi gran abuelo pronunció algo que hasta ahora no olvido: "¡No! pan eléctrico no".

2 comentarios:

G a b y m o r t e m dijo...

JAJAJAJAJAJAJA
Ay caray!
tu abuelo si que tenia
su gracia :)
me recordaste mucho al mio..
"Mi Apito Andres"..

lo extraño muchisimo :(
esta en Peru junto a mi abuelita..


siempre que visito tu blog, tengo
que leer algo qe me encante C:
como lo haces?..
me envuelves & no puedo dejar
de leerte.

Cuidate mucho
muaaaaa*

La niña Ale... dijo...

Uuuuu...

Ese abuelo tuyo me recuerda a alguien... Son lindos, no???

El mío también es gracioso, claro, cuando no está de mal humor, que es un pesado cuando se pone así, pero ni modo, hay que engreírlos (así como a ti =D)

PD: Niño, ya tengo el Soundtrack de Juno, cuándo te lo daré?

Besos.