22 de octubre de 2008

¿Nos torteamos?

Mis experiencias culinarias no van más allá de hervir el agua o freírme un huevo. Y por ser más específicos recuerdo que alguna vez en mi vida en que la suerte me acompañó, pude hacerme una tortilla para el almuerzo. Sin embargo, siempre quise saber algo más.
Es por eso que ante la jugosa invitación de parte de algunos amigos (más amigas que amigos claro está) a hacer una “selva negra” para pasar la tarde, no pude resistirme y acepté con la mayor ilusión.

En la mañana del gran día, me levante muy temprano ya que tenía muchas cosas que hacer y quería terminarlas antes de las cinco de la tarde, hora destinada a realizar mi gran proyecto. Salí muy temprano a la tienda de la esquina a comprar un poco de azúcar en polvo y a buscar ¼ de cucharadita de canela en polvo; como muy claramente especificaba la receta. El día resultó muy tranquilo así que no tuve grandes cosas por las que preocuparme. Ya eran las cuatro y media de la tarde y en el salón de clases veía en el reloj como el tiempo transcurría lentamente. La frase “se me hace agua la boca” es muy cierta, incluso cuando esa señora que hablaba de un proceso mental que me tenía un poco confundido, ya sentía que saboreaba el chocolate con la crema encima. Dieron las cinco de la tarde y salí sin despedirme de nadie. Salí de la universidad y tomé el micro.

Al llegar ahí, me avisaron que ninguno de mis amigos (hombres) había podido ir por disponibilidad de tiempo y otros porque tuvieron cosas importantes que hacer. Poco a poco me sentí más intimidado porque me parecía ser el único emocionado por hacer una tortita, ya que rodeado de tantas chicas que habían hecho en su vida más de una tortita, yo debía de ser el menos experimentado. Pero no me importó porque estas chicas eran las cuatro mujeres que ya mencioné en mi queridísimo bloj, así que no tengo problema con ellas, ya que me entienden.

Aty estaba enfrascada en remover una mezcla un tanto raro mientras meneaba el cuerpo al son de la batidora, a esta chica le falta tono pensamos. Mini preparaba las demás cosas preocupada porque podamos ensuciar su cocina, mientras Lulú disfrutaba con cara de ternura ver a sus amigos haciendo algo juntos, que sentimentalismos caray. No recuerdo que estaba haciendo Aty, pero supongo que debió de estar hablando con el tipo de los cabellos largos y el antisocialismo que muy pocos entendemos. La mermelada, la cocoa y demás cosas raras que no pensé nunca tener tan cerca de mis manos se juntaban en tazones diferentes mientras la batidora sonaba y yo sólo pensaba en tomarme la sangría que rondaba por ahí.

Todo resultó muy bien, incluso con manchadas de ropa y besos de chocolate. Ahora sólo faltaba llevarlo al horno y disfrutarlo.

-Acompáñenme a Hiraoka- dijo Mini, es que tengo que averiguar un precio.
-Peroooo y la torta, decíamos todos-

Al final fuimos todos y ninguno se quedó en la casa confiando en lo que alguna dijo acerca de que demoraría como mínimo media hora en hornearse. Llegamos a la mencionada tienda, y luego de un corto paseo ya estábamos de vuelta. Un tipo en bicicleta hizo alarde de los atributos de Atty, lo cual me dejó un poco sorprendido ya que pensé que su especialidad eran los infantes pero bueno, siempre es bueno cambiar de aires. Ya llegando a la casa y jugando por la acera el hambre me invadió así que subí rápido en compañía de estas cuatro mujeres. Todos subimos las escaleras hablando de cualquier cosa y cuando abrimos la puerta el olor a quemado invadió nuestras narices y rompió mi corazón (jaja). Que ironía pensé, es la primera vez que hago una cosa de estas y se quema. La tortita estaba negra así que alguien dijo: bueno, si no salió selva, por lo menos salió negra. El interior no estaba quemado así que le hicimos huequitos y más huequitos hasta poder comerla.

Esta fue mi primera torteada y como es primera vez siempre la recordaré. Gracias.

14 de octubre de 2008

This is for you.

La primera vez que se desnudó ante mi me dijo que le daba vergüenza, en cambio ahora lo hace cada vez que tiene tiempo; mi tiempo no importa, porque yo siempre me hago tiempo para ella. Antes de ir a su habitación cogidos de la mano me decía en el camino que me quería y cuando terminábamos de subir las escaleras me dejaba verla entrar y mirarme con esos ojos pícaros que tiene. Ahora sólo me abre la puerta y camina delante de mí como si fuera sola, esperando que yo llegue para cerrar la habitación. Si las paredes hablasen sabrían que me quiso y que yo la quise, pero si hablaran ahora sólo dirían una larga lista de atrocidades marcadas por el desafuero y la gula. Mirábamos al techo cada vez que terminábamos y hablábamos pensando que ese era el mejor momento de nuestras cortas vidas. Ahora cada vez que terminamos yo cojo mi ropa y mis cosas, y con un fugaz “adiós” me despido hasta la próxima vez en que ella tenga ganas de mí y yo me rinda ante su mandato. Antes pensaba en comprar rosas y chocolates que nunca comía por su común terror a engordar, ahora sólo voy a la farmacia antes de visitarle para no sorprenderme con resultados no deseados. Antes me abrasaba porque me quería y yo porque sentía lo mismo. Ahora me abrasa para tenerme siempre con ella, aunque sea de lejos; y yo la sigo porque lo gratis siempre es bueno.
Ella amaba mis mimos y detalles; ahora me aborrece totalmente. Es por eso que cada vez que la veo intento hablar lo menos posible para no caer en el fracaso de tener que irme antes de tiempo. Yo antes la quería, eso creo; ahora no se que siento; a veces nostalgia, a veces cariño, a veces deseo y a veces náuseas por esta relación tan vacía.

Me acaba de llamar hace veinte minutos, me dijo que llegaría a su casa en media hora y que por favor fuera puntual; hasta hace cinco minutos que estaba decidido a no ir y acabar con esto; pero no puedo porque ella es mi puta linda y yo su perro fiel.

2 de octubre de 2008

Las Mias

Ponerle título a esto va a ser quizás un poco difícil, ya que tendría que ponerle cuatro títulos diferentes. Diferente cada uno de ellos y ninguno más especial que el otro; en el caso de que se pueda conocer algo más especial.

Decir “amigo” es muy fácil para una persona como yo. ¿Y quien soy yo? Soy un hombre de dieciocho años, que está en el popular camino de la carrera universitaria, y que cuenta con “amigos” (hombres) para pasar uno que otro fin de semana libre hablando, quizás tomando y haciendo otras cosas más que posiblemente me dejarán una resaca maldita. Hablando con estos amigos (hombres) de muchas cosas, pero probablemente, hablando más de mujeres que otra cosa, lo cual me dejará más wantan que nunca. Si bien es cierto durante mi corta vida he escuchado muchas cosas, y una de las cosas que cuando niño me dejaban un poco confundido era la típica frase: ¿Quién entiende a las mujeres? Reflexionaba yo; las mujeres son personas que piensan y por lo tanto, como todos pensamos no debe existir ninguna dificultad en entenderlas. Sin embrago, conforme uno va creciendo y se va construyendo un “historial amoroso”, es decir, cuantas flacas has tenido; caes en la cuenta que lo que alguna vez escuchaste y no entendiste es totalmente cierto. ¿Quién diablos entiende a las mujeres? El que pueda que levante la mano por favor.

Y de que sirve toda esta gran introducción me pregunto, y yo mismo me respondo. Mi respuesta va en relación a que he llegado a entenderlas un poco, con ayuda pero he entendido al fin y al cabo. Pero uno no entiende sólo. Ni siquiera mis más fieles y ¿experimentados? amigos me han ayudado a comprender tan misterioso ser. Sino que debido a cuatro personas con quien suelo filosofar sobre las vicisitudes de la vida en una mesa mientras tragamos y picamos lo más que podemos del plata de otro, he llegado a tener una pequeña base de lo que son estos raros seres.

Son cuatro nombres que no voy a nombrar, por miedo a que se abalancen sobre ellas miles y miles de hombres ansiosos de esencia femenina (HA!!). Por el momento sólo diremos: Lulú, Mini, Any y Aty.

Any, la mami. Quien suele hablar de un patita de cabellos largos, que siempre la lleva a un lugar que se llama : “estoy lejos” ; Aty, quien aunque se hace la indiferente, de vez en cuando muestra sus debilidades hacia los programas infantiles, los uniformes, las loncheras de power rangers y esas cosas. Lulú, quien recientemente me ha negado el permiso para pegarle a Toby y Mini, quien tiene una tendencia un poco rara ante los hombres de ojos jaldos.

Los huecos en la universidad son propicios para tirarnos por ahí (en realidad, no nos tiramos, sino que nos echamos en el pasto) y hablar de diferentes y variadas cosas. Y a pesar de que andar mucho con mujeres hace que se te pegue el pensamiento femenino, son más los beneficios. Ya que si no estuviera con ellas, a quienes quiero tanto, no recibiría tratamientos dignos del mejor spa de Lima, como masajes gratis en la espalda, cuello y demás partes sensibles, consejos exactos sobre esas mujeres que hacen sufrir a uno y cosquillas relajantes mientras juega uno cartas escuchando la música de Any (nuestra “locutorio móvil”), quien dentro de poco dejará de serlo…

Y después de tantas charlas; si pues, es muy jodido tratar de entender a una mujer. Pero felizmente, aún me quedan muchas horas con estas cuatro mujeres tan lindas que, aunque son un poco confusas, me han sacado ya de más de una tristeza y me han robado más de una sonrisa. Sólo espero que aún nos quede mucho tiempo para seguir haciendo lo que siempre hacemos; tiempo para almorzar mientras Aty cuenta a voz en cuello sus más íntimas experiencias, tiempo para jugar charada mientras se representa la película “premonición”, por favor que lo haga Aty!! Tiempo para que Mini me acaricie la cabeza y juegue con mi cabello, tiempo para que Any nos diga: “estoy lejos”, tiempo para que Lulú siga con sus actitudes calentonas y tiempo para que yo las viva.

PD: Preséntenme a sus amigas pe!

26 de septiembre de 2008

Infiel innato

Hace varios meses soliamos hacer el amor, y hace algunas semanas que solemos tener relaciones. Y me parece imposible como es que aun puede decirme te quiero justo antes de que yo le mienta diciendole que tambien yo siento lo mismo.

Nos vemos casi todos los dias, todos esos dias me sonrie y me hace recordar porque me arriesgo tanto, porque me he aferrado tanto a su pureza inquebrantable y descontroladora. Siempre me atiende y me quiere y yo, siempre la quiero.

Hace un año me dijo que ya no me queria, pero ahora me dice que me quiere al final de cada dia en que nos vemos envueltos por su pasion salvaje. La noche es nuestra testigo porque nos oculta de nosotros mismos. Nos tapa y nos hace ser diferentes, es por eso que nunca la veo en las tardes.

Las tardes son para ella; los almuerzos, las salidas al cine, las caminatas cogidos de la mano y los juegos cariñosos son nuestros. Ella es engreida, pero yo soy su engreido. No me gusta mirarla a los ojos, aunque su claridad me atrapa y me lleva a un lugar donde la pureza no existe, un lugar en que ella se me olvida, un lugar en que recuerdo a otra.

La ultima vez que le llore fue hace un año y la ultima vez que ella me lloro fue hace un año y tres meses. Nos odiamos tanto que nunca nos alejamos mas que de nadie. Y extrañabamos tanto nuestras mentiras y frivolidades que ahora nos vemos.

No la conozco hace mucho, pero ya no quiero conocerla mas. La quiero, pero la odio. Y cuando la odio, la quiero lejos, y cuando la tengo lejos la extraño, y cuando la extraño la quiero. Y todo es un circulo vicioso del que no puedo salir.

Lo nuestro es sin compromiso y sin sentimientos. Lo unico que nos une es algo que no se como llamar, pero que me amarra a ella cada vez que la tengo a solas en mi habitacion.

Es bonita, no puedo negarlo. Pero es tan superficial, tan súperficial como todas las anteriores. Incluso creo que no hay de otra. Asi que ahi sigo a ver que pasa.

Ella es mas superficial, pero a ella ya me acostumbre. Sus besos y sus caricias me hacen olvidar sus defectos y mis debilidades, aunque ahora que ya no esta extraño tanto esos defectos que podria arrastrarme hasta encontrarla.

Ya casi ni la veo, y si la veo no me saluda. Esta ahi pero esta tan lejos como cuando no la conocia. Cuanto lo lamento, pero han habido veces en que lo he lamentado mas.

Y si pues, creo que todos tenian razon. Por gula de placer, te quedas solo hasta que venga otro par con quien sufrir.

16 de septiembre de 2008

Adiós

Está azul, realmente azul, hasta parece que por momentos se pusiera morado para después transformarse en rojo. Parece muy profundo, tan profundo como si cualquier cosa se pudiera perder dentro de él, quizás algún día venga de nuevo y me pierda por completo, para siempre. Y es tan grande que ni siquiera parece un lago, parece el mar, el mar que se lo lleva todo y no lo regresa jamás. Porqué te tuviste que ir.

5 de septiembre de 2008

Yo te digo

De Roberto Bolaño he leído,
que el amor y la tos no se pueden ocultar.
Ante esto a Roberto yo le digo,
que para la tos una pastilla
y para el amor una polilla.

22 de agosto de 2008

Y así es

A veces quisiera hacer lo mismo que el hace. Comer lo mismo que el come y tomar lo mismo que le toma. Hasta a veces podria decir que vive mejor que yo aunque quizás eso es muy precipitado.

Creo que aún no tiene un año, sin embargo nunca está tranquilo, se levanta más temprano que nadie haciendo bulla porque tiene hambre, cuando salgo a la azotea lo recuerdo porque se que estaría detrás mío esperando que lo mire. A veces sus ojos son asi y otras asá. Nadie lo ve pasar pero en cualquier momento del día desaparece de donde estaba y aparece casi mágicamente en otro lugar.

Duerme y come todo el día. Y solo cuando tiene ganas se levanta y se estira un poquito, pero sólo un poquito. Le dicen de muchas formas pero yo siempre le quize decir baboso.

13 de agosto de 2008

Sueños de micro

Luego de encomendarme al señor como me había enseñado mi madre desde muy pequeño para que en el camino no sufra ningún percance me puse a pensar si es que lo hacía por verdadera creencia o por inercia total. Y es que me he dado cuenta de que la mayoría de veces que me acuerdo de Dios es únicamente para pedirle algo.

Estaba reflexionando acerca de si debería sentirme culpable o no cuando una voz estruendosa y picaresca cortó de raíz mis cuestionamientos. Era uno de estos tantos personajes que sube a los micros ofreciendo productos golosinarios después de realizar un show, que por lo general es muy interesante; debo decir que la palabra golosinarios despertó cierta inquietud en mí y aunque estaba casi seguro de que no existía deduje que seguramente provenía de otra ya que la costumbre de viajar en microbio, como decimos algunos, me ha enseñado que el ingenio de personas como Rubén es más grande que sus penas por lo que la chispa es el arma más grande que puede tener uno en este medio para no salir derrotado.

Este personaje, porque era realmente un personaje, se presentó diciendo que se llamaba Rubén Incháuztegui, era un joven de no más de treinta años seguramente, decía venir de provincia y tener un hijo al que quería con todas sus fuerzas, vestía ropas sencillas y tenía en el rostro una expresión incierta que vacilaba entre la picardía y la desilusión, cargaba al hombro una mochila y tenía en la mano un cuadernito misterioso que estaba ya muy desgastado y que me produjo una excitación ambigua. Quizás porque pensaba que era un pequeño cuaderno como el que yo tengo y llevo a todas partes para apuntar datos e ideas que percibo cuando viajo dentro de esta ciudad que a veces me trata bien y a veces mal. Lo curioso de el cuadernito era que Rubén no lo hojeaba para nada, sólo lo tenía agarrado como si fuera su fuerza de inspiración. En el primer momento que lo vi pensé que era una Biblia, instrumento frecuente de personas que suben a nuestro microbio argumentando que les cambió la vida o algo por el estilo, sin embrago, me di cuenta que no era eso así que dejé volar mi imaginación por un rato y preferí pensar que de repente era un recuerdo pasado o hasta un cuaderno donde su hijo hacía dibujitos en sus momentos libres.

Nuestro querido acompañante de viaje había elegido un tema realmente curioso para su monólogo de ocasión: la pedida de mano. Felizmente, aunque no sé si esa sea la palabra adecuada, no me ha tocado vivir una experiencia de tal calibre por lo que de eso no tengo mucho que opinar, sin embargo parece que a este tipo le había tocado vivir una muy peculiar o quizás la escuchó por ahí o hasta la inventó él mismo; lo cual lo hace más atrayente aún. El malo de la película es el suegro -decía él-; ese tipo que te guerrea para ver si tienes los pantalones suficientes y te pone todo tipo de pruebas para ver si estás apto como para ponerte una familia al hombro. Otro de los argumentos de nuestro expositor es que a nadie le gusta haber tenido en la casa a la luz de sus ojos, para que después de veinte años o más venga un braguetero cualquiera y se la lleve sin más ni más. Las risas se escuchaban estrepitosas por doquier y algunos hasta aplaudían por la manera en la que Rubén nos contaba su relato.

Él siguió hablando y aunque lo que decía me resultaba excelente como para animarme el viaje, había tenido un día muy atareado y el cansancio me iba venciendo poco a poco así que me recliné en el asiento y perdí mi mirada en el techo blanco del bus. Estaba muy cansado así que caía dormido en un par de minutos. Sólo recuerdo que soñé algo que me tiene un poco preocupado.

Tenía yo veintiocho años, estaba en una oficina que posiblemente era mía y aunque no era un día muy caluroso estaba sudando de una manera excesiva. Recuerdo que vi el reloj y eran las seis de la tarde. El calendario marcaba cuatro de junio y con mi novia habíamos programado ese día para la pedida de mano. Salí del trabajo y fui a la casa de Marcela. En el camino intenté pensar en otras cosas, pero mis nervios no me lo permitieron. Un semáforo en rojo y un muchacho vendiendo libritos pequeños sobre la familia. Se acercó a mi ventana y me habló:

-Mister, buenas tardes. A un solcito nomás el libro con todos los consejos de Pepita del Solar para llevar un matrimonio exitoso-

Sentí que el corazón se me salía de tan fuerte que golpeaba. "No gracias" le dije y seguí por la autopista. Dos cuadras más allá había un spot publicitario sobre un viaje con todo pagado para dos personas a Cancún, especificaba el anuncio “perfecto como regalo de bodas”. La radio anunciaba dieciocho grados en la temperatura pero yo sentía que estaba en el África. No podía pensar en otra cosa que no fuera la pedida de mano. Ya un poco más cerca de la casa de mi novia estaba una pareja en una esquina que al parecer tenía una fuerte discusión, la cual terminó con los dos alejándose por sitios distintos de la calle; inconscientemente pensé que seguramente era una pareja de esposos que tras una pelea habían optado por la separación, aunque la idea parecía inverosímil porque no creo que nadie elija la calle para solucionar sus conflictos.Era tanta mi desesperación que había relacionado todo con el suceso de hoy.

Llegué a la casa de Marcela y cuando toqué la puerta salió ella a recibirme. Me hizo pasar y sentarme con toda la familia que ya me había estado esperando para el gran acontecimiento. Tenía las manos temblando y el ceño un poco fruncido, las piernas me temblaban y lo que más me incomodaba es que ya tenía preparado mi pequeño discurso. Sin embargo, no podía articular palabra alguna. Cuando me alistaba a decir cualquier cosa el padre de Marcela intuyó mi nerviosismo y dijo:

-vamos hijo, con confianza que estamos en familia-

Lejos de infundirme valor, las palabras del señor Ricardo me pusieron más nervioso aún y solté cuatro palabras que salieron de lo más recóndito de mi ser.

-disculpen, pero no puedo-

Todo el mundo me miró con asombro y ni siquiera pude a ver a Marcela a los ojos por la vergüenza que me embargaba; salí corriendo de la casa, subí al auto y emprendí el camino a quién sabe donde pensando en mi inusitada cobardía.

El bus saltó y me desperté un poco exaltado. Me di cuenta de mi sueño y esbocé una pequeña sonrisa burlándome de mi curiosa conciencia. El monólogo de Rubén había terminado y lamenté no haber oído todo lo que dijo pero me causó mucha gracia soñar lo que soñé ya que este personaje de micro había inspirado mi conciencia a jugarme una broma en sueños. Rubén estaba pasando por los asientos ofreciendo sus productos golosinarios, saqué todo el sencillo que me quedaba y se lo di a cambio de tan interesante experiencia.

Rónald Cortez Palomino.

26 de julio de 2008

Para ti, sin cariño

Acabo de olvidar lo que tan poco tiempo me costó lograr, el comienzo de este pequeño relato. Sin embargo recuerdo que estaba relacionado con la suciedad de mi habitación y con mis ganas de escribir; ganas que se ven mermadas por mi alergia al polvo y por el frío que traspasa las paredes de mi casa.
No sé de que se va a tratar esto porque se me hace realmente difícil escribir de algo en particular. Quizás se deba a que estos últimos dias he estado aqui encerrado pensando que dormir hasta tarde y no hacer nada estimularían mi cerebro y daría rienda suelta a mi imaginación. Me di cuenta de mi gran equivocacion unos cuantos días atrás.
Era viernes por la mañana, mi padre me levantó muy temprano para acompañarlo a Chorrillos. Me desperté de buen humor así ke acepté sin ningún reparo; tomamos desayuno y salimos sin apuro...esa rima mi puño y letra estima, subimos al auto y emprendimos camino. Me resultaba un poco incómodo estar ahí sentado con esa persona que añoré tanto fuera mi amigo, pero no siempre se tiene todo lo que se kiere. Entonces decidí sumergirme en mis propios pensamientos; comenzé a pensar, a pensar en mis ganas tremendas de escribir y me dio mucho coraje el no haber logrado ni una línea entera en estos días de vagancia. Fui viendo pasar a Lima frente a mis ojos y como si nada venían a mi mente con una gran fluidez muchas cosas, muchas ideas, muchas líneas. Que pena me dio no haber tenido nada a la mano para escribirlas.
Para aplacar mi desgano intenté entablar una conversación con mi padre. Lamentablemente me siguió la corriente; se sentía tan raro pero muy en el fondo me sentí bien. Ya en La Victoria paramos intempestivamente, me resultó raro porque no conocía ese lugar y no recordaba que mi padre tuviera algún conocido por ahí.
-Anda comprate un sanguche, ahí ves?- dijo él
-¿en serio?- dije yo
Sí, rápido que aquí está prohibido estacionarse. Era una chicharronería. No la conocía. Salí del carro rápidamente para que él no notara la sonrisa que se me dibujó en la cara al notar que me estaba tratando como a un hijo, como a un amigo quizás. Fui veloz y dije -deme un sandwich de jamón por favor- todo el mundo volteó a verme y es que lo había gritado de tanta emoción que me embargaba.
Regresé al auto con el pan entre mis manos. Lo comimos entre los dos mientras avanzábamos y por sabe Dios qué cosa el cielo se aclaró y el sol brilló como nunca en toda la mañana. El camino siguió y comenzé a recordar mi niñez con mi padre, paseos a lugares hermosos, partidos de fútbol grandiosos con concordia de naranja incluída. Salidas al zoológico, reuniones familiares en las que el se aseguraba que yo fuera el centro de atención, fíjate lo que le enseñaron en el colegio, mira que bien toca este instrumento y eso que recién se lo han enseñado, es que está en un buen colegio. Sí, él tiene las mejores calificaciones de su salón; el otro día discutí con su profesora porque me lo llevé más allacito del grupo a la sombra, es que con tanto sol se me podía desmayar.
-ya regreso, compro una cosa y vengo- dijo él
Su voz interrumpió mi viaje, pero no me importó. Prendí la radio y al poco rato regresó.

Estábamos ya por las playas de Barranco y el sol comenzó a bajar un poco. Llegamos a Chorrillos y nos pusimos a hablar del morro solar. Un semáforo en rojo y un niño en la ventana vendiendo chicles en barritas. Esos chicles me traen recuerdos. Cuando mi hermano me llevaba en su auto junto con su novia, solía sacar algunos de la guantera aprovechando que bajaban para comprar pizza o comida rápida para darle una alegría al hermano menor que ya tenía diez años. Está bien, pero para la próxima pídemelos con confianza que te doy todos los ke kieras.
-Dame cinco pues- dijo mi papá
-Gracias maestro- dijo el pequeño
Semáforo en verde y seguimos avanzando. Llegamos al trabajo de mi madre y era la una y media en punto. Ese día mi papá había preparado arroz con pollo y aprovechando que en la cocina es muy bueno quisimos llevarle un poco a mi mamá, que gozaba mucho con el arroz con pollo y más con el de mi padre. Nos fuimos rápido porque ella seguía aún en horario de trabajo, pero antes le pregunté si ella también pensaba que era un día hermoso.
-Sí, creo que sí, por?- me dijo
-No sé, me parece- le dije
-Debe ser amorcito, bueno, ya me voy-
-Está bien, nos vemos-
-Te quiero-
-Yo igual-
Tomamos el camino a casa y por ahí encontramos al señor Manuel, un amigo de mi padre, vecino nuestro que se dirigía también al barrio.
-Y Matías, que dicen las chicas?- me dijo
-Ahí señor, todo tranquilo-
Las chicas, me reí dentro de mi. Que mala suerte que sea tan malo con mis relaciones. Espero que ahora no lo vuelva a echar a perder.
-Ah ya, porque yo te he visto con varias por el barrio- dijo
-No, son amigas del colegio y como nunca nos vemos aprovechamos las tardes para andar por ahí- le dije
-Ah ya, ta bien, ta bien-
Mi padre comenzó a conversar con el señor Manuel de cosas que se me hacían aburridas así que intenté dormir. Me recliné en el asiento y perdí mi mirada en el cielo.

Abrí los ojos y estábamos ya en casa. Subí las escaleras y almorzé en mi cuarto porque mi papá volvió a salir. Llegó en la noche trayendo a mi mamá y nos sentamos en el gran sofá a ver una película que iban a pasar. Cuando terminó, fui a la cama y pensando en Sofía di gracias por el día.

A la mañana siguiente amanecí con un resfrío nuclear; les digo así desde que por un resfrío como el de esa mañana me diagnosticaron neumonía y no tengo ni el más mínimo recuerdo de esos días porque andaba delirando casi inconsciente. Me di cuenta que había dormido sin medias y con un cubrecama que ya pedía cambio a gritos. Fui a la cocina y estaban ya tomando desayuno. Le pedí dinero a mi papá para unas pastillas para el resfrío.
-Otra vez?- me dijo
-Sí, es que no me abrigué en la noche- le dije
-Hasta para eso eres inútil, ya sabes que los resfríos a ti te dan con fuerza, pero no te importa no? La vez pasada fue lo mismo. No te acuerdas como te pusiste?-
-Caramba- dije. Siempre te gusta armar discusiones con cosas que ya pasaron, y haces lo mismo cuando peleas con mi mamá.
-Qué dices idiota? Yo sólo digo la verdad y que seas tan huevón no es mi problema- me dijo
-No me digas idiota, que tú eres más idiota- le dije
-Cállate la boca y no jodas; lo único que haces es traer problemas, no sé cómo pude haber tenido un hijo tan inútil. Estoy seguro que fuiste un castigo de arriba-

En ese momento contuve la respiración, di la vuelta y fui a mi cuarto. Lloré en silencio y me prometí con una navaja al lado nunca más decirle papá a ese sujeto.

26/07/08 ...01.47am

21 de julio de 2008

Que pereza Sofia...

mi queridisima sofia... estoy aqui por pereza, por pereza a olvidarte, croe ke lo llaman costumbre. a mi no me importa, sólo me importa tenerte, besarte y matarte. Porque no eres si no el vivo recuerdo de mis más grandes temores y errores, tenias acaso ke ser tan cruel conmigo? tenias ke echarme sin compasion alguna al bosque de tus recuerdos, de tus malos recuerdos? yo solo kize kererte, tu sólo vivir. Y es que eres tan superficial como yo, salvo ke a ti no te importa y a mi sí; es por eso ke hoy alabo ke te vayas a pesar de kerer ke te kedes aki para martirizarme cada dia más kon el perfume de tus besos y la agresividad de tus caricias. Sofia, tenias ke llamrte sofia? lo más raro es que quiero correr y correr solo para verte otra vez, aunque sea de lejos, asi me mires kon esa indiferencia ke manejas a la perfección. Y es que me da pereza volver a enamorarme de otra vagabunda como tú. Por eso es que hoy te persigo cada vez que te veo, cada vez ke te siento y es que me exalta el recuerdo de tus labios pidiendo más de lo que ya estaba cansado de darte. Me aburres sofia, pero aún te quiero más que el primer día. Ojala te vayas muy lejos sofia, más lejos de lo que yo pueda perseguirte, que ya no me persiga tu recuerdo porque te seguire hasta morir. Por eso tre escribire siempre, así no lo sepas... te escribire hasta morir de deseos. Que pereza sofia...

Azulsu*

Es un gran problema vivir con un gran ignorante en casa y más cuando uno es otro. Mi padre y yo vivimos solos desde el día en que mi madre se fue porque no lo aguantaba, desde entonces no tengo ningún grato recuerdo de nuestra relacion; siempre fuimos padre e hijo, patrón y esclavo, jefe y empleado. Quisiera decir que algún día fuimos amigos ,pero... Siempre quise crecer muy rápido y asi no tener que dar explicaciones de porqué nunca estaba en casa. Odiaba estar ahi con el sin tener nada ke decirle, nada ke kontarle, nada ke preguntarle, nada ke pedirle, nada ke darle. "hola" y "ya vengo" eran nuestras frases preferidas... bueno, nuestras únicas frases... nunca le dije a nadie mis ganas de escribir y aunque en algunos días de inspiración se me pasaba por la mente contárselo en menos de un minuto se me iban las ganas, para él hubiera sido poco varonil ,estúpido. Cuando cumplí dieciocho me dio dinero y se me ocurrio guardarlo, cosa ke nunca hacía. Así pasó una año de gran austeridad para mí y al finalizarlo me di cuenta de que tenia una buena cantidad ahorrada. Nisikiera sabía ke hacer kon tanto dinero así ke lo deje ahi por si las dudas. Era tiempo de vacaciones y mis tardes libres hubieran sido las más aburridas si es ke nunca hubiera conocido a Azul. Ella era una amiga de conciertos, cuando era un asiduo concurrente de esos eventos donde la furia y la música se unian y me hacian olvidar todo. Azul vivía cerca a mi casa, pero nunca la había visto, andábamos toda la tarde hasta muy entrada la noche, su casa era mi casa y mi casa era sólo mi casa. La avenida principal de nuestro pekeño mundo era nuestro único camino, conociamos todos los rincones, todas las tiendas, todos los bares, todas las esquinas, todos los pirañas. Azul era como mi diario personal, nunca se cansaba de escucharme y yo nunca de hablarle. Comenzamos prestándonos libros y nunca devolviéndolos hasta ke nos dimos kuenta ke teníamos un anhelo en común: escribir. Siempre me dio mucha vergüenza contarl e igual a ella, sobre todo porque todo lo que hacíamos al final parecía aburridísimo de leer, pero no nos importaba porque era sólo para nosotros. Hoy han pasado ya muchos años. Después de una pelea con mi padre decidi mandar todo al diablo y dedicarme a hacer lo que me gusta, me fui de Lima con lo que tenía ahorrado y fui a Chiclayo... vivo cerca a la playa y trabajo en un restaurante. En mis momentos libres escribo sentado en la arena bajo el sol tenue que me inspira y pienso en Azul, mi compañera de batalla, me gustaría saber que fue de ella, nunca la llamé y es que cuando salí de Lima quize empezar de nuevo... Recuerdo que alguna vez prometimos escribir juntos, yo quería escribir con ella y ella conmigo. Espero verla pronto y darle mi mejor sonrisa.