21 de julio de 2008

Azulsu*

Es un gran problema vivir con un gran ignorante en casa y más cuando uno es otro. Mi padre y yo vivimos solos desde el día en que mi madre se fue porque no lo aguantaba, desde entonces no tengo ningún grato recuerdo de nuestra relacion; siempre fuimos padre e hijo, patrón y esclavo, jefe y empleado. Quisiera decir que algún día fuimos amigos ,pero... Siempre quise crecer muy rápido y asi no tener que dar explicaciones de porqué nunca estaba en casa. Odiaba estar ahi con el sin tener nada ke decirle, nada ke kontarle, nada ke preguntarle, nada ke pedirle, nada ke darle. "hola" y "ya vengo" eran nuestras frases preferidas... bueno, nuestras únicas frases... nunca le dije a nadie mis ganas de escribir y aunque en algunos días de inspiración se me pasaba por la mente contárselo en menos de un minuto se me iban las ganas, para él hubiera sido poco varonil ,estúpido. Cuando cumplí dieciocho me dio dinero y se me ocurrio guardarlo, cosa ke nunca hacía. Así pasó una año de gran austeridad para mí y al finalizarlo me di cuenta de que tenia una buena cantidad ahorrada. Nisikiera sabía ke hacer kon tanto dinero así ke lo deje ahi por si las dudas. Era tiempo de vacaciones y mis tardes libres hubieran sido las más aburridas si es ke nunca hubiera conocido a Azul. Ella era una amiga de conciertos, cuando era un asiduo concurrente de esos eventos donde la furia y la música se unian y me hacian olvidar todo. Azul vivía cerca a mi casa, pero nunca la había visto, andábamos toda la tarde hasta muy entrada la noche, su casa era mi casa y mi casa era sólo mi casa. La avenida principal de nuestro pekeño mundo era nuestro único camino, conociamos todos los rincones, todas las tiendas, todos los bares, todas las esquinas, todos los pirañas. Azul era como mi diario personal, nunca se cansaba de escucharme y yo nunca de hablarle. Comenzamos prestándonos libros y nunca devolviéndolos hasta ke nos dimos kuenta ke teníamos un anhelo en común: escribir. Siempre me dio mucha vergüenza contarl e igual a ella, sobre todo porque todo lo que hacíamos al final parecía aburridísimo de leer, pero no nos importaba porque era sólo para nosotros. Hoy han pasado ya muchos años. Después de una pelea con mi padre decidi mandar todo al diablo y dedicarme a hacer lo que me gusta, me fui de Lima con lo que tenía ahorrado y fui a Chiclayo... vivo cerca a la playa y trabajo en un restaurante. En mis momentos libres escribo sentado en la arena bajo el sol tenue que me inspira y pienso en Azul, mi compañera de batalla, me gustaría saber que fue de ella, nunca la llamé y es que cuando salí de Lima quize empezar de nuevo... Recuerdo que alguna vez prometimos escribir juntos, yo quería escribir con ella y ella conmigo. Espero verla pronto y darle mi mejor sonrisa.

3 comentarios:

Azulesca dijo...

Hola Ron, mi querido amigo. Espero nunca te separes de mi :)

Contadores de Cuentos dijo...

:o .. azulesca es azul?

q chevere es tener amigos así.

d i a n a

Ana dijo...

deberias de seguir escribiendo... lo haces muy bien...